Se presentó en Bebop en cuarteto con Mariano y Sebastián Loiácono y jerónimo Carmona

Fotografía: Laura Tenenbaum

Siempre hay gente que compara a los músicos que están haciendo algo creativo con alguien del pasado y es inevitable, pero en el caso de Clarence Penn podemos decir que este baterista consiguió su propia originalidad. La reorganización rítmica de Penn hace que la batería por momentos cante o se vuelve misteriosa o que ataque con el estruendo del trueno.

          De izquierda a derecha: Sebastián Loiácono, Mariano Loiácono, Jerónimo Carmona y Clarence Penn

Este baterista, que ya estuvo varias veces en Buenos Aires, se presentó en Bebop en cuarteto con Mariano Loiácono en trompeta, Sebastián Loiácono en saxo tenor y Jerónimo Carmona en contrabajo para hacer nada menos que “Monk The Lost File”, uno de los trabajos más interesantes sobre la obra de Thelonious Monk y que se aleja de las esperables relecturas para convertirse en una mirada de genuina renovación. Para un artista de jazz consciente de la responsabilidad de hacer la música de Monk, el desafío es lograr una estética  contemporánea y, al parecer, Penn consiguió darle a la música del gran “Monje” una sensibilidad contemporánea. 

Dos sets equilibrados que dejaron en evidencia algunos aspectos muy interesantes. A saber, el material propuesto por Penn es muy complejo; rítmicas irregulares, arreglos y una precisa expresividad que requiere de una constante interacción para no salirse de la horma emocional; por otro lado, la idea de la batería como instrumento de acompañamiento queda descartada en las manos de este artista que toca con un sentimiento que no tiene nada que ver con ser efectista y, por último, las excelentes performances de los músicos argentinos que no sólo estuvieron a la altura de Penn sino que transmitieron sus propias realidades. La música elegida dejó lugar a la posibilidad de lucimiento de cada uno de ellos y que aprovecharon para contarnos sus propias vivencias acerca de la música de Monk. Por cierto, son las ideas y no la técnica, que ayuda, por supuesto, lo que determinó el grado de profundidad que alcanzaron en el escenario.

El material que presentaron tuvo pasajes sobrecogedores aunque quizás en la apertura el ensamble costó más, pero desde Hackensack en adelante sonaron con el viento en las velas. Precisamente, una versión con cambios que dejó en evidencia como se fue construyendo en el escenario el proceso de integración; las meditativas líneas de Carmona como introducción se convierten en una arco de tensión que desemboca en el motivo original y que el saxo tenor continúa sin que decaiga esa energía con un solo que exploró varias regiones emocionales sin distraerse en reproducir a los héroes negros que tocaron este tema  (hablo de Coltrane, de Rouse o de Griffin) sino más bien en hablar de él mismo; menos sentimental sonó la trompeta de su hermano Mariano, quizás porque Penn estaba con la las escobillas y eso quiere decir algo.  El trompetista desarrolló un puñado de ideas que jugaron para que Penn, un baterista de un increíble ataque rítmico y creativa dinámica, hiciese una serie de heterodoxos breaks, casi salvajes.

A Rhythm-a-Ning sólo fue posible descubrirla bien entrado el tema cuando la trompeta describió a media voz el conocido motivo; hasta ese momento había un tour de forcé en el escenario que introdujo el baterista con mazas y donde exhibió su veta emotiva, casi dramática (como bien lo definió la compositora y pianista Maria Schneider); los solos de saxo y trompeta tuvieron en la batería respuestas a cada una de sus frases. 

La segunda parte abrió con una introducción de Carmona con un fraseo flexible, creativo y de un lirismo denso para Evidence que comienza con la frase y un break de Penn; el flughel de Loiácono crea un clima introspectivo en el comienzo para ir recorriendo diferentes emociones de un elegante equilibrio; el solo del tenor tiene más ataque y Penn le contesta en cada silencio. Reflections es otra pieza con arreglos del baterista que decanta en una saludable renovación rítmica (¿o contaminación rítmica?) de la música de Monk y que evidencia la saludable naturaleza exploratoria de Penn y luego un doble tema que tiene a Teo, (tema que le dedico Monk a Teo Macero,  productor de Columbia) como cierre; un final anunciado con un regreso al escenario para hacer un corto  Round’ Midnight como bis, en el que se lució Mariano Loiácono con una emotiva interpretación del clásico. El grupo a medida que avanzó la noche ganó en certezas y los arreglos escritos por Penn funcionaron para darle el ánimo y el compromiso adecuado que requiere la música de Monk.

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