John Scofield Quartet deslumbró a la audiencia en el Coliseo

Fotografía: Laura Tenenbaum

Debe haber poca gente sino nadie en el mundo del jazz que discuta la calidad del guitarrista John Scofield, sin embargo, el concierto que hizo en cuarteto en el Teatro Coliseo podría definirse con el superlativo insuperable; una noche donde el genio del jazz se pone por delante de los artistas para guiarlos hacía una de esas actuaciones memorables. Scofield no sólo deslumbró por su técnica, su creatividad sin vacilaciones, su conexión con este excelente grupo con el que vino a Buenos Aires sino también por ese entusiasmo sincero que mantiene con más de cuarenta años de carrera.

Con su grupo, Gerald Clayton en piano y órgano, Vincent Archer en contrabajo y Bill Stewart en batería presentó, esencialmente, la música de su último trabajo “Combo 66” (en honor a sus 66 años). Un guitarrista que desafía las categorías; su progresismo repele las ataduras, aunque en sus composiciones hay tradición y hay modernismo. Como a pocos artistas de la escena del jazz, la música de Scofield no se encuentra en un callejón sin salida.

El concierto abrió en línea con su nuevo disco Can’t Dance, un tema alegre, con una sonoridad de llanura en el que Scofield señala el camino con un solo agudamente cincelado que descansa sobre el fluido groove del tándem Archer-Stewart y el órgano de Clayton. A poco del comienzo se percibe que este cuarteto es el mejor contexto para el guitarrista, un músico de una desbordante creatividad y que necesita espacios que esta banda no sólo le permite, también lo estimula en ese sentido. Sus improvisaciones recorren un mundo musical amplio donde hay blues, soul, aromas country (bastante presente en el concierto) bop, jazz fusión y rock y con lo que logra un estilo personal coherente y emotivo. Scofield dejó en evidencia que tiene con todas estas influencias su propia síntesis musical.

Ahora bien, el grupo mostró equilibrio para acompañar las poderosas improvisaciones del guitarrista en una noche inspirada; Clayton, con 35 años, es uno de los artistas más interesantes de la escena actual tanto por sus solos de una elegancia y amplitud de ideas como en su forma de acompañar, moderna, intuitiva y que generaban en Scofield campo propicio para sus solos. Stewart volvió exhibir su estilo abierto, creativo, que utiliza los tambores como colores dentro de una pintura. En varios pasajes del concierto, guitarra y batería mostraron esa afinidad intuitiva que los reúne en interesantes y enriquecedores diálogos. Archer hizo de pivot ante tanta improvisación; un sonido gordo, limpio y de una contundencia rítmica infalible; sus solos mostraron su amplio vocabulario y ubicuidad.

Gerald Clayton

Icons At The Fair, un tema con una introducción bop y esa agitación tan propia del estilo; Scofield despliega un solo veloz, intrépido sobre una línea rítmica  gruesa; Clayton se suma con una improvisación en la misma línea que el guitarrista, más lírico pero no menos creativo. In Sleeping In, un tema a medio tiempo en el que el grupo se movió relajadamente. La guitarra introdujo un mensaje de tono evocativo, un sonido de filosa sensibilidad impide que esa emoción introspectiva gane espacio; el tono reflexivo se traslada al piano, Clayton hilvana un mensaje de un evidente matiz íntimo, su tono perlado dibuja el contraste  con la guitarra.

Bill Stewart

En Buenos Aires, Scofield estrenó F.U. Donald (a buen entendedor pocas palabras) en el que el núcleo es un contrapunto de guitarra y piano, seguido de un motivo rítmico que impulsa la melodía. En sus solos no hay clichés, ni caminos previsibles; toda su música parece estar en cada momento siendo creada, nada en sus improvisaciones suena innecesario, efectista o artificial.

Un concierto excelente con Scofield, como un gurú de la guitarra jazzística y un estilo maduro que se convirtió en una maestría artística y un grupo de una solidez superlativa, con Stewart como una creativa usina rítmica desde los tambores; la ductilidad de Archer y Clayton, un pianista de estilo moderno y un improvisador inspirado. Precisamente, se despidieron con un tema del pianista Bad Beatiful, una balada que tanto Scofield como Clayton embellecieron con sus solos en una noche de jazz perfecta.

 

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