En “Druken Songs”, el Archidruida de Wessex cambió el ácido lisérgico por el trago como inspiración para sus temas, y el resultado embriaga e hipnotiza como sus mejores trabajos

La primera pista apareció en el número de septiembre de 2014 de la revista británica Mojo. Allí Roy Wilkinson entrevistó a Julian Cope, a propósito de la salida de One Three One, su primer libro de ficción. Y entre varios tópicos tocados, Cope describió su método de trabajo para escribir la novela (“Escritura desde las 7 am hasta las 6 pm todos los días durante cuatro meses”) y que, después de esa hora y tras beber cuatro latas de Carlberg Export, no hacía más nada ya que estaba “alcoholizado a conciencia”. Su nuevo vicio, que vino a complementar su ingesta habitual de estimulantes psicodélicos, le rindió sus frutos artísticos con la publicación de “Drunken Songs”, su nuevo disco de canciones.

Arte Drunken Songs

Y el término “canciones” no es casual. Desde hace varios años a la fecha, la carrera musical de Cope se disparó para varios lugares, siempre realizada bajo sus propias normas y distribuida de manera independiente por su página web y sello Head Heritage. Se lo puede encontrar colaborando con los doom metaleros de Sunn O))) o haciendo sus relecturas del género con L.A.M.F. o con Queen Elizabeth, sus grupos formados a tal efecto. Puede aparecer como un cantante de protesta del Siglo XXI junto a los Black Sheep o ejecutando su propia lectura del kraut rock más cósmico con Queen Elizabeth o del funk con la saga Rite. O, claro está, continuando con su propia carrera solista, con la que suele presentarse en vivo armado sólo de una guitarra acústica y de un mellotrón.

“Drunken se aleja del registro de “Psychedelic Revolution” y “Revolutionary Suicide”, sus últimos dos álbumes en solitario, donde la temática era netamente política, para ofrecer un disco intimista y low fi, digno compañero de “Fried” y de la saga “Skellington. Seis canciones pensadas, según su autor, para ambientar el invierno boreal y para soportar con humor (de borracho) las desventuras de este mundo en donde Donald Trump preside los Estados Unidos de América.

Cope afirmó que As The Beer Flows Over Me (tema que ya había incluido en “Psychedelic Revolution” en una versión casi igual a la de Drunken) fue la canción génesis del proyecto. Una tonada que Cope escribió para que suene en su propio funeral, una oda al lúpulo por sobre la uva meridional. Don’t Drink & Drive (You Might Spill Some), por otro lado, bien podría ser incluida como banda de sonido de la ONG Conduciendo a conciencia, entidad que supo apadrinar Luis Alberto Spinetta. Liver Big As Hartlepool es un homenaje de Saint Julian a Liverpool, patria chica de Teardrop Explodes, la banda que lideró en los 80 y que rivalizó con Echo & The Bunnymen en cuanto a popularidad y psicodelia oscura. La pastoralia Drink Me Under The Table y la belleza de Clonakilty As Changed las posicionan como serias candidatas a ser parte de cualquier disco de Kevin Ayers si trocamos la soleada Ibiza donde residió el malogrado compañero de travesía de Robert Wyatt por la campiña de Wiltshire (el lugar donde reside Cope) en un invierno frio y nevado. Y la misma última comparación sirve para analizar los dieciocho minutos y fracción de On The Road To Tralee: una primera toma donde Cope se pone el traje de trovador psicodélico para describir un viaje “de veinte millas alcohólicas de malos recuerdos, observaciones pintorescas y incidentes rústicos”, según sus palabras.

La tercera parte de su autobiografía, su anunciado nuevo grupo Dope y el demorado estreno de una road movie junto a Black Sheep son algunas de las deudas asumidas de Julian Cope con sus fans, una suerte de secta mundial que lo tiene a él como único profeta gnóstico. El hecho que desde hace varios años no sale de Europa nos priva de fantasear con una visita suya a estas tierras. Pero, con un tipo de sus imprevisibles características, nunca se sabe. A soñar, entonces, para que esto alguna vez ocurra. Y, mientras tanto, a seguir disfrutando de su música.

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