Ornette Coleman, Keith Jarrett, Wayne Shorter, Bill Frisell, Anthony Braxton, Lee Konitz, Byron-Caine, Brad Mehldau, Ravi Coltrane y Joshua Redman con The Bad Plus

Fotografía: Laura Tenenbaum

Sin querer ponernos melancólicos, pero con un año y medio con muy pocos conciertos parece oportuno hacer un balance sobre las visitas internacionales de jazz que hubo en estas primeras dos décadas del siglo. Nada más lejos que intentar ser exhaustivo, por el contrario, elegimos sólo algunos conciertos que tuvieron algo especial y que, más allá de su calidad musical, nos permiten recordarlos por alguna singularidad.

Bill Frisell

Hubo un tiempo en que las productoras Contemporánea Música, Guillermo Malbrán y Tribulaciones generaban con sus contrataciones una permanente actividad artística a partir de diferentes propuestas claramente diferenciadas; mientras que las dos primeras ponían el foco en el jazz más clásico, Tribulaciones apuntaba a un segmento más experimental, con músicos más en los márgenes artísticos. Esta confluencia de diferentes intereses hacía felices a todos.

Don Byron

Así las cosas, elegimos diez conciertos que estuvieron rodeados de un especial interés de la audiencia jazzística además de un alto nivel artístico. Comenzamos con tres conciertos del año 2000, el debut en el país del guitarrista Bill Frisell, en agosto; el excelente dúo del clarinetista Don Byron con el pianista Uri Caine, en septiembre y el  trío de Keith Jarrett, en diciembre, como broche de oro para un año en el que también nos visitaron  John Scofield, el dúo Shorter-Hancock y Dave Holland Quintet, entre otros. En abril de 2001, el trío del saxo alto Lee Konitz y en julio de 2002, la esperada llegada del pianista Brad Mehldau en trío.

En la segunda parte de la primera década llegaron tres pesos bien pesados; el cuarteto del saxofonista Wayne Shorter, en octubre de 2005; el genial Anthony Braxton, en mayo de 2007 y otro genio, Ornette Coleman, en mayo de 2009.  Más recientes están los conciertos de Joshua Redman con The Bad Plus, en mayo de 2016 y Ravi Coltrane en cuarteto, en agosto de 2017.

Wayne Shorter

Pues bien, la visita de Frisell a Buenos Aires, en agosto de 2000, para hacer tres conciertos en La Trastienda estuvo rodeada de una enorme expectativa de  parte del público (hasta el saxofonista Paquito D’Rivera, de visita en la Argentina, se acercó al teatro de la calle Balcarce). Con Tony Scherr en contrabajo y Kenny Wollesen en batería, Frisell propuso una interesante e inteligente exploración jazzística cruzada con bluegrass, country y rock. Su sonoridad meditada, elegante y esa permanente búsqueda de nuevas fronteras que lo convirtieron en un original estilista que sin disrupciones crea una atmósfera de oscuro romanticismo. Una propuesta innovadora de un artista de la avant garde neoyorquina que conquistó al público porteño. Recordemos que sus dos visitas posteriores, en 2005 y en 2017 fueron tan exitosas como su debut.

Un mes después, en septiembre de 2000, llegaron a La Trastienda el clarinetista Don Byron y el pianista Uri Caine. Un dúo excelente que vino a presentar el material de su álbum “A Fine Line: Arias and Lieder”, un trabajo concluyente de este talentoso clarinetista, un “mestizador” de diversas influencias, que en su concierto en Buenos Aires lució como un creativo improvisador junto a Caine, pianista de sólida técnica, que supieron combinar la rigurosidad académica con un espíritu en constante ebullición. Byron-Caine mostraron una de las inspiradas líricas de la vanguardia jazzística.

Lee Konitz

El 2000 tan pleno de jazz cerró con el trío de Keith Jarrett, con Gary Peacock y Jack DeJohnette; un combo extraordinario, en especial cuando se lanzan a un repertorio de clásicos y de bebop, como el que vinieron a presentar a Buenos Aires, en aquel diciembre. Trajeron “Whisper Not”, un álbum doble, grabado en vivo, con joyas como Bouncing With Bud, Poinciana, Groovin’ High, Whisper Not y A Prelude To a Kiss, con una soberbia introducción de Peacock. Fueron dos conciertos superlativos y que dejaron más fresca que nunca la frase de Jarrett: “La música es melodía y algunos intérpretes carecen de sentido melódico; todo se puede aprender, menos el lirismo”.

Peacock, DeJohnette, Jarrett

Al año siguiente, en abril de 2001, llegó otro de los artistas más esperados y respetados de la escena internacional, Lee Konitz. Su dorada madurez y una permanente evolución artística no dejaron de sorprender; su potencia como improvisador y una sonoridad claramente distinguible edificaron un excelente concierto en el Sheraton Hotel. En trío con Ron McClure en contrabajo y Jeff Williams en batería, el saxofonista mostró a un artista en un incansable camino de purificación de su sonido, siempre atribuido a su temprana militancia en el cool jazz. Un concierto con un repertorio excelente, con Cherokee en el que hizo una relectura menos crispada que la conocida versión de Charlie Parker; Body and Soul con solo de un mágico lirismo  y el potente Subconscious Lee, su tarjeta de presentación.

Julio de 2002, Brad Mehldau (que ya había actuado en la Argentina con su esposa, la cantante holandesa Fleurine) llegó al Sheraton en trío con Jorge Rossi en batería y Larry Grenadier en contrabajo. Otra de las visitas esperadas en un año durísimo para la Argentina y mucho más para la escena del jazz que estaba despoblada de visitas internacionales. Hicieron un repertorio equilibrado entre clásicos y música original donde lució relajado y constante interacción con Rossi; en efecto, piano y batería fueron principales animadores –casi por igual- de aquel excelente concierto con bastante material de su disco “Trio Progression”.

Brad Mehldau

Y aquí una digresión, aquellos duros años del 2002 en adelante mostraron sin lugar a dudas la fortaleza del escena local del jazz, tanto con proyectos como en calidad musical. Frente a la caída de las internacionales, el jazz local se convirtió en un estandarte artístico que cubrió un espacio importante para aquellos que seguían disfrutando del jazz en vivo.

Mediados de la primera década

El concierto del saxofonista Wayne Shorter junto a Danilo Pérez, John Pattituci y Brian Blade, en octubre de 2006, en el Gran Rex, fue uno de los pocos conciertos que tuvo algo de controversia. Su propuesta en aquel momento era cuando menos revolucionaria; en efecto, la directriz era dejar fluir la música sin planearse de antemano. En las entrevistas, Shorter decía: “Lo importante es que lo que hacemos se vea como un riesgo para nosotros y no como un gesto de confianza extraordinaria. El hecho de no tocar nada previsto hace de nuestro repertorio un sinfín de sueños”.  El concierto condujo a la audiencia a un estado de perplejidad mezclado con un sabor a aventura. Un grupo de grandes músicos hicieron del concierto una experiencia sonoro-emocional de una serena profundidad.

En 2007, el Festival de Jazz de Buenos Aires tuvo a uno de los más sólidos artistas de la vanguardia neoyorquina, el saxofonista Anthony Braxton que llegó con su nueva propuesta Diamond Curtain Wall Trio, con Taylor Ho Bynum en trombón y Mary Halvorson en guitarra, un proyecto que integraba dos historias anteriores, Ghost Trance Music y Falling River Music. Un concierto dominado por la improvisación y en la que hizo un solo tema 3 16 A durante una hora continua. Una música heterogénea y creativa por partes iguales y que dejaron en evidencia el talento de Braxton en este recorrido fascinante, envolvente, sinuoso, propio de un espíritu libre e inquieto.

Ornette Coleman

Y por fin Buenos Aires pudo escuchar en vivo a Ornette Coleman. Mayo de 2009, en el Gran Rex, Ornette hizo un concierto impecable; con Tony Falanga en contrabajo, Al McDowell en bajo y Denardo Coleman en batería propuso un camino de un poético melodismo. La sonoridad de Coleman sigue siendo aquella que tenía en sus inicios, a comienzos de los años sesenta, imperecedera, hermosa; mientras Coleman toca lo imprescindible, el grupo forma diferentes paisajes sonoros como el tormentoso Turnaround o el bellísimo Sleep Talking. El bis fue el esperado y maravilloso Lonely Woman recibido con una ovación que sorprendió al mismísimo genio.

Jazz, en la segunda década

Nos adentramos en la segunda década y nos detenemos en el concierto del  potente trío The Bad Plus, con Etan Iverson en piano, Reid Anderson en contrabajo y Dave King en batería, reforzado con el saxo tenor de Joshua Redman. En el Teatro Coliseo, en mayo de 2016, construyeron una de las mejores noches de jazz de estos años; el tenor de Redman sobre la turbulencia del trío generó una combinación original, moderna entre un trío que tiene su propia dinámica mientras que Redman aporta su lírica mirada en esta creativa confluencia. The Bad Plus no tiene un líder y el grupo se movió en distintas direcciones; Iverson es un pianista innovador, económico, Reid es el creativo pivot que define el groove y King, un baterista versátil; hicieron un  concierto provocador con espacio suficiente para Redman, uno de los grandes saxos de la actualidad.

The Bad Plus & Joshua Redman

Finalmente, otro esperado concierto fue el de Ravi Coltrane, hijo del genial John Coltrane, en agosto de 2017, en el Auditorio, del CCK. Coltrane se presentó en cuarteto con David Virelles en piano, Dezron Douglas en contrabajo y el excelente Johnathan Black en batería. Un combo magistral tanto por sus interpretaciones como por el material elegido; la sonoridad y las ideas de Ravi enfocadas en dirección a su propia historia sin olvidar la tradición. Un grupo que exhibió ideas, plasticidad y un manejo de los grooves exquisito. Un jazz recio sin altibajos; cerró la noche con un tema especial Countdown, de Coltrane padre, tocado de manera hermosa y sin falsos sentimentalismos.

Ravi Coltrane

 

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