El grupo de Damon Albarn saldó su cuenta pendiente con la Argentina con un show memorable.

Fotografía: Tomás Correa Arce

Tras varias visitas con Blur y una en plan solista, Damon Albarn cumplió con su deuda simia con el público argentino, y vino a tocar con Gorillaz, su banda de fantasías animadas de ayer y hoy en plan post Clash y multitud de invitados (ya nos extenderemos al respecto). Y el londinense no sólo cumplió, sino que nos regaló uno de los mejores shows de 2017, fuera de toda discusión posible.

Más allá del chiste de los alter egos animados, cortesía de Jamie Hewlett, que aparecen en momentos puntuales para robarse el concierto (espectacular la escena de la banda escapando en una persecución automovilística de… ¡Bruce Willis!), Albarn clausuró la etapa de las proyecciones 3D que no lo mostraban para darle protagonismo al grupo. Y el grupo, ya desde el look, no defrauda. Las palmas se las llevan el tecladista Jesse Hackett, un calco del Liam Gallagher más pelicorto (y una burla explícita a su enemigo) y el violero Jeff Wooton, quien luce como un clon del Joe Strummer de Combat Rock y Cut The Crap.

Y la mención a Strummer no es casual. Musicalmente, Gorillaz encarna para sí un eje que desde una sucursal del barrio londinense de Brixton (cuna de Paul Simonon y patria chica de miles de jamaiquinos), dispara dub, punk rock, góspel y hip hop. Todos ritmos con los que The Clash coqueteó desde London Calling en adelante. Y también hay que notar otra influencia de esa familia: la de Big Audio Dynamite, el combo de Mick Jones post Clash, olímpicamente ignorado por los enciclopedistas del período y citado por Albarn tanto en los tramos más electro del set list como en ese teclado colgante que supo utilizar Jones en directo, Herbie Hancock en el video clip de “Rockit” y, claro, Pablito Lescano al frente de Damas Gratis.

Pero Gorillaz no es Gorillaz sin sus invitados, y ahí es donde Albarn pasa a un segundo plano para que se luzcan entre otros Vince Staples, los legendarios De La Soul (“Superfast Jellyfish” y “Feel Good Inc.” fueron dos de las cumbres del recital), Peven Everett (“Strobelite” y “Stylo”) el dúo de Jamie Principle y Zebra Katz (“Sex Murder Party”) y la gran Jehnny Beth, cantante de Savages, con un “We Got The Power” a todo trapo, que incluyó una visita al público arrojándose en plan Iggy Pop. Notable por donde se lo mire.

Párrafo aparte merece la decisión de la producción de adelantar el concierto ante la amenaza de lluvias y fuertes vientos que finalmente asolarían la ciudad tras el show. El cuidado del espectador, ese ítem que tantas veces suele ser pasar inadvertido adrede para los organizadores en este caso fue algo muy tenido en cuenta, ya que Gorillaz fue, como se esperaba, algo trans generacional. Grandes y chicos bailaron y se divirtieron: los grandes gracias a todo lo que se enumeró más arriba, los chicos al ver a esos dibujitos que muchas veces los acompañan a la hora de irse a dormir. Parafraseando a  Albarn en “Clint Eastwood”, “El futuro ya llegó…”.

 

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