El legendario baterista de los Rolling Stones, Charlie Watts falleció el martes 24 de agosto. Una sencilla esquela transmitió una noticia que sacudió al mundo de la música, no sólo del rock.  De sus ochenta años, 59 los pasó detrás de los tambores de la banda de rock más importante del mundo y sin embargo, esas casi seis décadas cambiaron muy poco la forma de ser de este artista de aspecto elegante, carácter reservado y de una modestia ejemplar.

 

“Estrellas son Mick Jagger y Keith Richards, yo no soy una estrella del rock, jamás entré en esa trampa”, señaló durante una de las entrevistas que realizó en febrero de 2018. Su timidez y ese gusto por la privacidad lo llevaron a estar 20 años sin dar entrevistas, “pero un día Mick se cansó de ser el único que hablaba y aquí estamos”, añadió

Precisamente, su muerte dejó en evidencia a un músico respetado y querido por todo tipo de audiencia. Las redes estallaron en despedidas como pocas veces hasta el punto, que impusieron un despliegue importante en los medios como manera de canalizar tanto interés por este músico que admitía que su verdadera pasión no era el rock, sino el jazz.

Watts desechaba de plano toda exposición innecesaria; esa corriente de dolor y simpatía que provocó su inesperado fallecimiento se debe a su calidad como persona que le permitió preservarse de los avatares de la fama y su hoy, famosa frase como tarjeta de presentación: “Me alegra saber que hay músicos que sólo tocan su instrumento, yo soy una de ellos”.

Podríamos decir que todo comenzó con la necesidad de recuperarse de una operación coronaria efectuada entre fines de julio y comienzos de agosto y que lo habría hecho desistir de participar de la gira norteamericana No Filter, en septiembre; es más, él mismo se encargó de propiciar su reemplazo, el excelente baterista Steve Jordan para esos conciertos. “Realmente, no quiero que los seguidores de los Stones que tenían entradas para esta gira queden decepcionados por otro retraso o cancelación”, señaló en un comunicado el baterista.

Quizás porque estaba todo tan bien organizado y nadie podía imaginar este repentino abandono de la escena es que el mundo de la música quedó en shock cuando el manager comunicó el deceso de Charlie Watts. Inmediatamente, atrás, llegó el comunicado de la banda: “Es con una inmensa tristeza que anunciamos la muerte de nuestro querido Charlie Watts. Falleció en paz, en un hospital de Londres, rodeado de su familia. Watts era un amado marido, padre, abuelo y también como miembro The Rolling Stones, uno de los mejores bateristas de su generación”.

Paul McCartney, Ringo Starr, Elton John, Sheryl Crow, Bryan Adams, Nile Rodgers, The Who, Lenny Kravitz, Liam Gallagher, Dave Coverdale, Brian Wilson, John Densmore Joan Jett y Paul Stanley, entre otros, mostraron en las redes su profunda tristeza frente a su muerte.

Charlie junto a Elton John

“Tocar con los Stones es una molesta forma de pasar el tiempo” decía entre risas y jamás abandonó su interés por el jazz. “Estuvo presente toda mi vida”, afirmaba cuando en 1985 se lanzó con una impresionante big band de 22 músicos. En efecto, en medio de la temporaria separación de la banda y después de algo más de 20 años en los Stones, Watts decidió comenzar su carrera dentro del jazz, al tiempo que reconocía que le costó lograr la necesaria autoconfianza para lanzarse con su proyecto jazzístico.

“La verdad es que crecí queriendo tocar como Max Roach o Kenny Clarke y soñaba con tocar en Nueva York con Charlie Parker”, señaló este músico que en 1964 lanzó Ode To a High Flying Bird, un cuento para niños escrito e ilustrado por él sobre el genial Parker, de quien sentía una profunda admiración desde los 14 años, cuando lo escuchó por primera vez “y desde ese momento, Parker ha estado en mi vida; él es el criterio por el que juzgo todos los registros, aunque sea de manera subconsciente”, reconocía el baterista que luego de la big band dedicó dos de sus discos a la memoria del saxofonista, From One Charlie (1991), en quinteto y Tribute To Charlie Parker with Strings (1992).

 

Fue el último de los que entró en la primera formación de los Stones. Brian  Jones y Keith ya lo habían detectado tocando los sábados en el Ealing Jazz Club, de Londres, en la banda The Blues Incorporated, de Alexis Korner. Conoció a Keith, Mick y Brian, el 17 de marzo de 1962; esa noche, la Blues Incorporated, de Korner se presentó en el Ealing Jazz Club, con Watts en la batería, Art Wood (hermano mayor de Ron Wood) como cantante y Jack Bruce en el contrabajo. “Estaban todos, Jimmy Page, Rod Stewart, Manfred Mann, Long John Baldry”, recordó Korner y fue por esa época que le presentó primero a Brian y días después a Keith, Mick y a Ian Stewart (el sexto Stone), asiduos concurrentes a las jam de blues de los sábados por la noche. Watts entró en los Stones en reemplazo de Tony Chapman en enero de 1963.

Confesaba que no todo fue sencillo al comienzo; en los primeros tiempos, Keith y Brian le pedían un touch más potente; “no tenía un golpe muy de rock. Keith me ayudó mucho, pasándome discos de Buddy Holly, de ahí saqué muchas cosas”, contaba el baterista.

Junto a su amigo Ringo Starr

Charlie cuando entró tenía un toque más liviano, más jazzístico, pero su tempo era increíble. Sólido y con swing; era el músico que necesitaba la banda”, contó Keith Richards en su biografía Life. A pesar del halago que significa haber integrado desde el primer día los Rolling Stones, Watts reconocía que lo más impactante fue haberse unido a la banda de Korner, en 1962. “Sí, fue impactante entrar en esa banda, estaba Cyril Davis en la armónica y recuerdo que me pagaron media corona después del primer show”.

Contaba que en los primeros tiempos trabajaba las canciones por segmentos y que fue en ese proceso donde consiguió darle a su golpe la entonación de rock. “Los primeros ocho años fueron de mucho trabajo con el grupo; fue un período duro al que habría que sumarle las continuas giras pero después pudimos descansar hasta hoy”, decía entre sonrisas Watts.

Siempre se sintió un poco fuera de lugar en el mundo del rock. “Tengo un modo de vestir muy clásico, lo definiría como inglés antiguo y nunca me sentí cerca del hippismo”. Watts atravesó toda esa época de psicodelia y flower power de los años sesenta de corbata y chaleco sin probarse ni una vez túnicas o sandalias. “Por ejemplo, las sesiones de fotos con los Stones eran un momento especialmente incómodo. Me ponía zapatos y todos iban en zapatillas; yo odio las zapatillas deportivas; en fin, nunca sentía que estaba en sintonía”.

Si bien las decisiones recaían por el general en Jagger, aunque a veces incluía a Richards en la toma de decisiones, sobre todo después de que el guitarrista se repusiera de su larga adicción, la voz de Watts en el grupo siempre fue muy tenida en cuenta, en especial, en los musical y alguna que otra vez en las giras como por ejemplo, cuando propuso difundir la gira norteamericana de 1975 tocando arriba de un tráiler por la Quinta Avenida, de Nueva York, como hacían las bandas de jazz en los años 20, en Nueva Orleans o la exquisita apertura de la gira de 1981, Let’s Spend The Night Together con el famosísimo “Take The A Train”, de la orquesta de Duke Ellington.

De las diferentes épocas de los Stones opinaba que la mejor música la hicieron cuando estaba Mick Taylor en la banda y que la muerte de Brian Jones, en julio de 1969, “fue triste, pero no inesperada”. Sobre aquel famoso episodio en Holanda, cuando Jagger lo despertó a las 3 de la mañana diciéndole por teléfono “quiero que venga mi baterista”, Watts al entrar al cuarto, sin decir nada, le pegó una trompada, y le dijo “no soy tu baterista, vos sos el cantante de mi banda” y sólo comentaba: “Estaba muy borracho”.

Después del lanzamiento de Tatto You (1981), el sonido de la banda sobre el escenario tuvo un significativo cambio; por un lado, fueron paulatinamente agregando teclados, coros y una línea de vientos de manera permanente y por el otro, la presencia de la batería quedó por delante del sonido de la banda. Mientras que Richards y Woods tuvieron una mayor libertad para acompañar, el bombo de Watts se convirtió en la guía del grupo; la batería es la que dirigía en el escenario.

Sus nueve discos

Lanzó nueve discos de jazz como líder en los que abreva en ese estilo nada invasivo y ubicuo para tocar. Su primer álbum fue “Live At Fulham Town Hall” (1986), con las Watts Big Band, con Evan Parker y Courtney Pine en saxos tenores y Jack Bruce en el cello como invitados y un repertorio que iba del Swing al Bop, con el clásico “Stompín’ At The Savoy” un tenso “Scrapple From The Apple” y un potente “Lester Leaps In”.

Luego, vinieron  From One Charlie (1991), en quinteto y Tribute To Charlie Parker with Strings (1992), ambos dedicados a Charlie Parker; su cuarto disco, “Warm & Tender” (1993) un disco con un repertorio de temas a medio tiempo, con un acompañamiento de cuerdas con excelentes arreglos; Watts con escobillas y la elegante voz de Bernard Fowler que le pone un tono romántico aunque sin excederse en el caramelo.

“Long Ago and Far Away” (1996), en quinteto junto con la London Metropolitan Orchestra y la voz de Fowler es otro disco con muy buen gusto; composiciones de Gershwin, Armstrong, Porter y Ellington hacen un disco perfecto y una versión impecable de In A Sentimental Mood.

“Charlie Watts-Jim Keltner Project” (2000), quizás el álbum más desparejo del Stone, un trabajo que se aleja de la corriente mainstream para sumergirse en un ecléctico y experimental tributo a diferentes bateristas, los temas tienen nombres de grandes estrellas de los tambores, como Art Blakey, Tony Williams, Shelly Manne, Elvin Suite (por Elvin Jones), Roy Haynes, Max Roach.

Su disco en vivo: “Watts At Scott’s” (2004), un álbum doble grabado en el Ronnie Scott’s, de Londres, con Watts y su Tentet, en el que participó el saxofonista tenor Evan Parker con un repertorio que incluía a Davis, Monk, Strayhorn y Ellington. Un disco muy bueno por la potencia y creatividad del ensamble.

Ensayando junto a la Danish Radio Big Band en Copenhagen (2010)

El boogie-woogie es siempre divertido y en 2012 Watts saltó del jazz al boogie del que evidentemente disfruta; junto con Axel Zwingenberger y Ben Waters, en pianos y Dave Green, en contrabajo y bajo el nombre The ABCD of Boogie Woogie, lanzó “Live in Paris”. Como lo dijo alguien cercano al baterista, “el boogie woogie es una forma elegante de seguir divirtiéndose”. En 2017, Watts lanzó un disco con la Big Band de la Radio Dinamarquesa en la que hacen un recorrido por algún clásico como I Sould Care y temas de los Stones, como You Can’t Always Get What You Want o Pant It Black arreglados para orquesta.

Watts aparece también en dos discos emblemáticos del sello The Rolling Stones Records, The Howlin’ Wolf London Session (1971), en el que participan Eric Clapton, Stevie Winwood y Bill Wyman, entre otros y la soberbia zapada Jamming With Edward (1972), con Ry Cooder, Nicky Hopkins, Bill Wyman y Mick Jagger, un trabajo grabado en las horas muertas de la grabación del álbum Let It Bleed (1969),  con un potente break al final de The Boudoir Stomp y una maravillosa versión de Jagger en It Hurts Me Too.

Casado para toda la vida

A esa falta de adhesión a la fama se sumó una estabilidad emocional que le permitió disfrutar de un matrimonio de 56 años con Shirley Ann Shepherd, una hija, Seraphine y una nieta, Charlotte. A Shirley la conoció en el primer ensayo con la banda de Alexis Korner, en 1961 y se casaron el 14 de octubre de 1964. Si bien tuvo una vida matrimonial extraordinaria para el mundo en el que se movían los Stones, Watts tuvo serios problemas con el alcohol y la heroína a mediados de la década del ochenta; problemas que casi le hacen perder su matrimonio. Contaba que había podido recuperarse de esas adicciones gracias a un accidente; al parecer, estando borracho en el Ronnie’s Scott tropezó y se rompió el tobillo. “En esa obligada convalecencia logré dejar todo; al poco tiempo hasta dejé de fumar”.

Con Shirley Ann Shepherd, su esposa y compañera

Watts también debió transitar por un difícil proceso cuando en junio de 2004 le diagnosticaron cáncer de garganta y tras seis meses de un tratamiento de radioterapia se recuperó y logró llegar a tiempo para la grabación del disco A Bigger Band; precisamente, un año después, paseando en Niza y a los pocos días de haber cumplido 64 años tuvo un grave accidente automovilístico que pudo haberle costado la vida. Desde ese momento dejó de manejar.

Charles Robert Watts nació el 2 de junio de 1941, en el oeste de Londres; no venía de una casa especialmente musical, aunque si de un hogar con libertad que le permitió desarrollar desde su adolescencia sus dos pasiones, la música y el dibujo. A los doce años se compró un banjo y un método para tocarlo. Al ver las posiciones y “esos puntos negros” en las hojas pentagramadas se desanimó y lo desarmó quedándose con el cuerpo del instrumento, que era un tambor. En esos días, se compró un disco que le cambió la vida, “Walking Shoes”, del cuarteto del saxofonista barítono Gerry Mulligan, en que Chico Hamilton usaba escobillas. “Me compré unas escobillas y comencé a tocar encima del disco”.

Recordaba que en su adolescencia el jazz estaba de moda y que era muy moderno conocer la música de Miles Davis; también fue un conspicuo analista de la música de Duke Ellington, “a la que escuchaba como una forma de estudio”.

Dos grandes bandas, como The Who y Led Zeppelin se disolvieron al morir sus respectivos bateristas, Keith Moon y John Bonham. Los estilos de estos grupos estaban muy organizados alrededor de las baterías. Es posible que tras la muerte de Watts, los Stones evaluen dejar de tocar como banda. La realidad es que con casi 80 años, Jagger y Richards, quizás no le vean sentido subir al escenario sin la presencia del querido Charlie Watts sentado detrás de sus tambores, pero el tiempo lo dirá.

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