Carlos “Negro” Aguirre presentó su disco “Calma” en la sala sinfónica del CCK

Fotografía: Juan Monasterio

Una estética personal junto con un melodismo desbordante son dos aspectos indivisibles de la música de Carlos “Negro” Aguirre. Con su nuevo proyecto en trío logró desarrollar una mirada emotiva que no irrumpe en el mundo de este artista como una faceta novedosa sino, más bien, como una continuidad de su genuina paleta creativa. “Calma” es un trabajo que muestra una textura emocional profunda y envolvente cercana al espíritu del jazz por su sonoridad. Si bien hay improvisación no se aleja del contexto melódico y funciona como la argamasa para construir un edificio musical mayor. Aguirre junto con Fernando Silva en contrabajo y Luciano Cuviello en batería lo presentaron en la Sala Sinfónica del CCK

Abrieron el concierto con De tu lado del mar, dedicado al pianista portugués Mario Laginha. Una melodía extática que recorre toda una gama de colores melancólicos; un ritmo apenas esbozado por la base rítmica le permite al pianista explayarse a través de un lenguaje cargado de imágenes en las que asoma esencialmente la nostalgia. Por momentos, el contrabajo se convierte en interlocutor subrayando con su tempo las vivencias de Aguirre. En Palabras para nombrarte mantiene la atmósfera de la composición anterior, aunque a la línea melódica refleja una claridad evocativa y un vocabulario rico en sutilezas. Un andar relajado que parece que se expande armoniosamente sobre un recinto hipnotizado por la belleza. Nuevamente, Silva es quien dialoga con el pianista, una conversación de la que surge un arco de suave tensión sobre la melodía.

Hiroshi, dedicado al primer japonés que conoció el pianista tiene un delicado medio tiempo; la música aquí gana un cierto dramatismo y las sutilezas de Cuviello desde los tambores acompañan el andar del contrabajo. Aguirre encuentra en cada motivo una brecha para seguir profundizando en ese camino emocional que explora con la melodía. Hay una cierta redondez en la estructura y una calma crepuscular domina la composición. Chorinho da Cantareira, un tema dedicado al pianista brasileño Andre Mehmari y que se sale suavemente de la atmósfera de “Calma”. Maestro en el desarrollo melódico, el trío de Aguirre no aborda la idea de la improvisación como una forma de creativa ruptura con la forma melódica o de un “libre repentismo”, por el contrario el enfoque si bien no carece de solos en el sentido jazzístico crecen subordinados a la melodía. Las flores de Rosalía, una bellísima composición con un aire que nos recuerda a la música de Gismonti; el pianista describe con una  inspirada musicalidad un mundo de imágenes gráciles y de una textura líquida. Por cierto, imágenes que cuentan la historia de Rosalía, una campesina floricultora; una  historia que Aguirre nos trae desde Misiones. Kalimba tiene un motivo con sabor a traveling sonoro, agitado, con saltos que toman a la armonía como trampolín para transmitir un suave pero persistente desasosiego. El trío funciona como una unidad que por momentos casi desaparece en el piano. Dentro mío regresa a la atmósfera natural de esta propuesta; Aguirre por momentos se descubre como un romántico en toda la línea y aquí el espacio se convierte en un elemento estructural. Hay en el motivo melódico una noble nostalgia sin tristeza pero la armonía traduce un cierto sabor a pérdida. Cerró el concierto con Voces de otros tiempos, con el Mono Fontana en teclados, Juan Pablo Di Leone en flauta, Claudio Bolzani y Marcelo Petteta en voces como invitados; un tema de tono orquestal con un lúcido solo de trombón desde los sintetizadores de Fontana y un tránsito por una variedad de estilos que puede ser una buena conclusión para un artista del genio de Aguirre. El bis fue en trío con el tema más jazzístico de la noche y sobre un sencillo esquema rítmico, el pianista improvisó una línea de carácter abstracto que aun tan lejos de su litoral sonoro no deja de sonar genuina. “Calma” casi un diario personal del sentir de Aguirre.

Dejar respuesta