El pianista norteamericano se presentó en La Usina del Arte en trío con Marc Helias y Clarence Penn.

El pianista y compositor Uri Caine es un conocido del público porteño que sigue el jazz; sus presentaciones en Buenos Aires en dúo con el clarinetista Don Byron, y con su grupo Bedrock como también sus colaboraciones con el trompetista Dave Douglas dejaron en evidencia además de una versatilidad técnica importante, a un músico sin fronteras y con un universo musical en el que el jazz no es incompatible con ningún género. En su concierto en el auditorio de La Usina del Arte, en trío con Marc Helias en contrabajo y Clarence Penn en batería su fuerza como un improvisador creativo, casi un revolucionario que no se aferra a límites estilístico.

En efecto, en poco más de una hora Caine propuso desde su piano, en los que parecen sonar todos los géneros de manera simultánea, un camino basado en algunas composiciones de Monk, como Round’ Midnight y Epistrophy, retazos de obras de Mahler, de Mozart, de Fats Waller para desarrollar una propuesta de tono fuertemente inclusivo. Si bien es loable la propuesta de recorrer mundos tan variados, por momentos, su música no parece tener dirección y esa fuerza emocional que transmiten sus improvisaciones espontáneas terminan sonando cerebrales. Hay un anticlímax permanente en la propuesta de Caine, una forma de edificar y deconstruir atmósferas casi como parte indisoluble de un rico lenguaje.

Podríamos decir que Caine  está condenado a la pluralidad en tanto cohabiten en su propuesta el clasicismo de Mahler, de Mozart, la música klezmer, el dixie de Waller, el hard swing de Monk y sin llegar a ser un innovador tiene una voz propia. Por su parte, el trabajo de Helias, un contrabajista de pulida técnica jugó como pivot rítmico sobre el que giró el trío. Penn, un baterista elegante, fue creando espacios desde los tambores como una forma de intercambio musical más que una conversación en esa rapsódica carrera por abarcarlo todo.

Una potente introducción de piano marcó el comienzo del concierto que fue poco a poco un sendero menos abstracto y más melódico hasta desembocar en un melancólico Round Midnight salpicado por un inspirado acompañamiento de Penn y un creativo Helias que propuso un diálogo con Caine. Esta revisita a la obra de Monk siempre conserva aspectos interesantes, más aún en la mirada de un estudioso como este pianista, nacido en Filadelfia, en 1956. El tema fue tomando un camino más explosivo, con frases entrecortadas para desembocar en el swing pesado de Epistrophy, en el que el trío, como cosas veces en el show, se soltó fluidamente al ritmo.

En la segunda parte, Caine expuso su enciclopedismo musical al reunir desde melodías conocidas como la de Honeysuckle Rose, de Waller, con obras de Mahler y Mozart en una transición de remolino. Su estilo mostró una fuerza gravitatoria con el contrabajo y la batería como satélites que tuvieron, sin embargo, espacio para hablar de ellos, dos artistas –Helias y Penn- interesantes quizás algo tapados por la verborragia musical del líder.

 

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