El trompetista presentó su disco “Vibrations” con Antonio Hart en el saxo alto, Anthony Wonsey en piano, Jerónimo Carmona en contrabajo Rudy Royston en batería en Bebop.

Fotografía: Laura Tenenbaum

Un show de una fresca vitalidad y con el mismo empuje y entusiasmo de aquellos años en los que el negocio de la música no tenía los alcances actuales. El quinteto del  trompetista Mariano Loiácono mostró en sus conciertos en Bebop que el corazón puede más que cualquier rutina y así desarrolló un concierto por momentos avasallante en los que la creatividad de los solistas estuvo pareja con la fortaleza rítmica.  La presentación del disco “Vibrations” reunió al trompetista con el saxo alto Antonio Hart, el pianista Anthony Wonsey, el contrabajista Jerónimo Carmona y el baterista Rudy Royston, un grupo que cruzó a dos excelentes músicos argentinos con tres de los más creativos artistas de la escena neoyorquina, sin duda una combinación excelente que mostró a un grupo que comparte el mismo modo de entender el jazz.

Solos expresivos, intensos, con espacio para el lucimiento de cada uno de los artistas creó un contexto de camaradería sobre el escenario que potenció el clima del concierto; virtuosos que no cayeron en la tentación del exhibicionismo, más bien, con su talento cuidaron la música. Loiácono desde su primer disco mostró con sus composiciones un claro concepto estético y emocional que con los años consiguió hacerse más contundente como lo muestran los temas de su último disco, músicas que tienen un claro sesgo melódico y con el hard bop como territorio común; una cierta simplicidad geométrica que logra una rápida llegada al auditorio.

Comenzaron con Bluesciclye, un blues ágil con un unísono que produce esa sensación de vitalidad, tan falta en algunos proyectos de nuestra actualidad jazzística. El trompetista se lanza velozmente con un solo en el que matiza frases cortas y penetrantes con otras extensas, oscilantes que parecen hamacarse en el ritmo; Hart mantiene el clima con un solo enfocado en quedarse cerca de la estructura básica; suena un blues moderno en el escenario de Bebop aunque se percibe un quinteto que va tomando calor como una olla a presión. La intrepidez de Wonsey le da ese necesario tono de vértigo a la composición, mientras que Royston, artista en pleno ascenso, los rodea con sus fills.

Waltz For My Hero se recuesta en un cálido 3×4; Loiácono en el flugel introdujo el motivo melódico y nos revela ese espíritu melódico y un exquisito tratamiento del tiempo y del espacio; una interpretación que habla de sus influencias pero centralmente que logra transmitir su experiencia; el sonido poco producido de Hart transmite una atmósfera que como en el tema siguiente, la balada You Don’t Know What Love Is crea un auténtico escenario emocional. Wonsey, Carmona y Royston construyen un balance ideal para el mood introspectivo que tuvo el magistral solo del trompetista salpicado de una elegante cadencia de blues. El piano enriquece la composición con una envoltura armónica utilizando acordes alternados como sustituto de la armonía original.

El trompetista y el grupo abrevaron en el hard bop, es decir, un fuerte condimento rítmico debajo de los cimientos armónicos, en el que se destacó Royston como un baterista ubicuo y con una creatividad fluida que lejos de invadir a los solistas logró con su dinámica impulsar los momentos de improvisación. Let Down, tema del primer disco del trompetista “I Knew It” (2008), un trabajo que dejaba en evidencia una mirada hacia adelante aunque sin olvidar la tradición; una composición que Hart, Wonsey y Royston refrescaron con su propia mirada; es interesante observar como ciertas composiciones no reconocen el tiempo, quizás debido a su falta de artificios y a una honestidad estilística.

Llegó Vibrations, tema que da nombre al disco, y de una cuidada arquitectura con el que el grupo atropelló a la audiencia; el solo de Hart, de una fogosidad deslumbrante, describió un sofisticado rompecabezas que continuará Loiácono con un ataque profundo, con frases hilvanadas de una manera inteligente dotadas de un mensaje jazzístico reconocible, potente; el piano recrea la melodía, utiliza single notes para poblar el escenario de ese toque percusivo; por otro lado, el solo de Royston mostró a un baterista que compone desde los tambores y además de una rica paleta rítmica utiliza su instrumento para desarrollar diferentes colores; un baterista completo. El grupo rehace el motivo inicial para cerrar una de esas noches perfectas, en las que el jazz es el verdadero protagonista.

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